No es mi costumbre poner calaveras,
ni llenar
de velas el umbral.
Acá
la muerte se llora en silencio,
allá
la invitan a festejar.
Y
aunque suene raro en mi suelo,
hay
algo en su rito que hace pensar:
quizás
reírle a la ausencia
también
sea una forma
de
honrar.
Yo,
desde este lado
en
mi tierra, Argentina,
le
prendo una vela chiquita
a
los que ya no están,
y
sigo brindando… por los que quedan.
Con
respeto sincero a su cultura,
y
un saludo fraterno desde acá,
porque
al final —seamos de donde seamos—
la
muerte también nos enseña
a
recordar y amar.
Lucas Grasseler
Río Cuarto, Córdoba, Argentina
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