Declina el día en pálida armonía,
la lluvia escribe signos en el suelo;
un
árbol, con serena melancolía,
ofrece
sus silencios hacia el cielo.
Las
hojas cumplen su dorado sino:
caer
sin lamentar lo que se pierde.
También
el tiempo sigue su camino,
mas
deja en la memoria cuanto es verde.
Bajo
el farol, la luz perseverante
custodia un paraguas y una espera;
quizá
alguien prometió, en algún instante,
regresar
con la nueva primavera.
Hay
una dignidad en lo que acaba,
una
secreta música en la ausencia:
pues
cuanto el corazón amó y guardaba
sobrevive
al rigor de la existencia.
Y
mientras lluvia, tarde y hojas pasan,
comprendo
esta verdad, sobria y sencilla:
las cosas verdaderamente amadas
no mueren: se transforman en belleza.
Lucas Grasseler
Río Cuarto, Córdoba — Argentina
